También estaban mis momentos de ocio, se ponían música y me miraban con cara de Raphael creyendo que esa iba a ser su gran noche. O simplemente lo daban todo con su falso micrófono, cerrando su puño cantando por Pablo Alborán, recordando alguna relación del pasado. Aunque me gustaría olvidar las veces que cantaban en paños menores. No es algo para tenerlo mucho tiempo en la mente.
He visto peleas, discusiones y ojos llorosos, pero también he visto besos, debates y noches pasionales. Cosas emocionantes. Los primeros pasos de un niño con cara de velocidad corriendo hacia mi, hacia si mismo. Las horas perdidas de un perro viéndose y chocándose conmigo como si le fuera la vida en ello. La cara de pocos amigos de las personas mayores que ni se preocupaban en mirarme.
Todo el mundo necesita quererse un poco, todo el mundo necesita verse guapo y seguro.
Ahora ya es tarde, ese temblor, ese pequeño movimiento a convertido mi cuerpo en un mísero folio y me ha dejado caer. Mi cuerpo ahora yace desordenado, en pequeños trozos donde se reflejan cada uno de los recuerdos que he vivido, he sentido y he disfrutado.

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