Sin previo aviso, el tren se paró. Miré por la ventana para ver si estábamos en alguna estación. Negativo, estaba todo oscuro, solo se podía ver la bella luna reflejada en lo que se podía deducir que era un lago.
Miré a los demás pasajeros, dormían, leían, algunos estudiaban y otros miraban, como yo a la ventana dudosos de aquella repentina parada del tren. Pensé que era para dejar paso a un tren que venía por el otro lado, pero no, nunca llegamos a movernos ni llegamos a oír un tren pasar por el lado...
Decidí levantarme y buscar al revisor, en ese mismo momento todas las miradas del tren se clavaron en mi. Miré por las puertas que conectaban los vagones, pero solo vi oscuridad. Sorprendido me senté pensando que habría pasado, me pregunté si cabía la posibilidad de que no hubieran dejado ahí solos. El hombre que tenía a mi lado a pareció de improvisto delante de mi.
-¿Ocurre algo? Tienes la cara como si hubieras visto un fantasma-preguntó el hombre.
-Estamos solos- dije suspirando.
Acto seguido en tren se volvió un caos, la gente empezó a gritar y chillar. Para colmo, los móviles no funcionaban. Estuvimos largo rato sumergidos en una burbuja de temor y miedo.
Yo seguí sentado en mi asiento, observando el comportamiento de la gente. El hombre que me había hablado, intentaba llamar por teléfono en vano. Tenía pinta de padre de familia, con su camisa recién planchada y su cabeza perfectamente rapada por la falta de pelo por la edad. Lo que mas me sorprendía de ese hombre era su mirada decidida y luchadora. En ese momento me miró y sonrió mientras se levantaba de su asiento.
-¡Señores! Calma, por favor- dijo mientras me cogía del hombro para levantarme para que prestara atención- Tenemos que estar calmados y esperar a que alguien venga a por nosotros. Así que, sentaros en vuestros respectivos asientos, por favor si nos importa.
-¿Y usted quién es para decirnos que debemos hacer?- dijo una voz a lo lejos que rápidamente deduje que era del hombre que se encontraba sentado en la parte mas cercana a una de las puertas del tren.
-No soy nadie pero alguien tiene que mediar este caos que se ha formado- respondió el hombre de ojos extraños.
Por arte de magia, todos se sentaron y empezaron a charlar en voz baja con los que tenían a sus lados.
-Mi nombre es Ben- se presentó el hombre que había conseguido la calma en el tren
-Yo soy Félix- dije.
-¿Qué habrá pasado?.
-No se, lo mas seguro que sea un error de la conexión entre los trenes- dije señalando los dos extremos del tren.
-Pero si teníamos dos vagones en cada extremo, no tiene ninguna explicación- comentó Ben mientras se pasaba la mano por la calva.
-Menos mal que no se ha ido la luz- en ese mismo instante el tren se sumió en la oscuridad que había en el exterior.
A diferencia al exterior, el tren se volvió loco, o más bien las personas. Ya era imposible intentar calmar al grupo. Estabamos perdidos, en un vagón de tren a oscuras y sin saber que había ocurrido.
Capítulo siguiente: http://los6elementos.blogspot.com.es/2012/04/el-tren-cap2.html
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