La mesa de escritorio se inclinaba hace una esquina de la ventana, imitando un leve cojeo en una de sus patas . La cama formaba un pequeño nido con las sabanas y las mantas. El gran armario acogía miles de libros leídos durante toda su vida. La silla con pequeñas ruedas se encontraba apartada en unas de las esquinas de la habitación irregularmente cuadrada. Diferentes camisetas, pantalones se encontrabas esparcidos por la habitación esperando a que alguien las guardara en el gigantesco armario vacío empotrado en la pared. Las cuatro paredes con diferentes pósters que hacían de pequeñas tiritas para tapar las imperfecciones del imperfecto muro. Y allí estaba él de pie mirando la redonda lámpara que estaba en el techo pensando en lo sucia que estaba su vida, sus pensamientos borraban su pasado y su futuro. Su mente estaba hecha polvo, polvo que respiraba en el ambiente de la habitación, que iba a dejar.
Dejaría un pequeña parte de su vida en la lúgubre cueva del olvido.