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miércoles, 20 de abril de 2011

Te perdí

Solo, me encontraba solo, calle tras calle, metro tras metro. Caras desconocidas, miradas asesinas, sonrientes, ardientes, pequeñas, grandes... Edificios con miles de ventanas, miles de reflejos y de luces. Monumentos alargados, turistas, fotos, mercaderes ilegales que venden su alma a cambio de dinero sucio y extranjero.
Esa ciudad no era mi hogar, ni tampoco una ciudad para vivir en ella. Observaba la pobreza y la riqueza, la felicidad y la tristeza y no encontraba ninguna diferencia.
Entonces apareciste tu, otra cara mas en un vagón que no lleva a ninguna parte. Nuestros ojos se cruzaron, enseñaste tu mejor sonrisa y yo te imité. El viaje se hizo fugaz hasta que te levantaste y me miraste esperando una respuesta de un desconocido. Yo no la descifré y te perdí.
Perdí una cara desconocida, sonriente, lucida y extranjera...

sábado, 9 de abril de 2011

Me llamo Juan

Me llamo Juan, pero mis padres me llaman Juanito. Tengo 6 años y una maleta de Cars. Voy al cole de los mayores. Mi sita es muy guapa y huele a zumo de piña. Me gusta jugar al fútbol con mis amigos en el cole, siempre meto goles, por que soy el portero. Mi padre dice que ser el portero es muy importante. Tengo una vecina que se llama Irene, que viene de un pueblo muy lejos, es muy simpática. De mayor quiero ser Superman para salvar al mundo y cuidar a mi hermanito que tiene mi madre guardado en su barriga. No se porque lo guarda, será que es muy feo y no quiere mi madre que lo vean. No entiendo a lo mayores, no juegan nunca siempre están trabajando con un ordenador delante. Hoy he ido a visitar a mi amigo Alex y hemos jugado a los Gormiti y a la DS.

martes, 5 de abril de 2011

El Mar de la Infancia

Nos sentíamos acorralados, las olas nos impedían ver si nos habíamos alejado demasiado de la playa. Sólo podíamos agarrarnos unos a otros, haciendo turnos para mover la piernas para no caer en picado hacía un fondo salado y profundo. No podíamos hacer nada, tampoco podíamos gritar por la falta de aliento por el incansable movimiento de nuestras piernas.
Entonces alguien dejó de mover las piernas y una fina mano se deslizó por mi espalda hasta perderse su tacto. Los gritos silenciosos empezaron a aumentar, y el nerviosismo se elevó a tal punto que dejamos de mover la piernas...
Entonces sonó un silbato que se oía desde el fondo oscuro, unas manos nos cogieron. Eran nuestros padres, nos habían salvado la vida de ese mar raro y colorido.