Años y años intentando inventar la máquina del tiempo. Años de estudio, años de fantasía y ficción. Entonces te das cuenta que la máquina está enfrente de ti, en esos ojos, en esos brazos y en esos labios. Las segundos se convierten en miradas, los minutos en abrazos y las horas en besos. Dos motores. Dos personas.
El tiempo se vuelvo loco. Loco por ti.