Lo que para él era una cuesta más, para ella era una precipicio, una caida y un golpe seguro con cualquier coche de la carretera. Él la agarró de la mano, le dijo que todo iba a salir bien y que confiara en él. "Estoy aquí, estás a salvo". Él la miró y ella le copió el gesto. Faltaron minutos para el beso. El beso sobre ruedas.
Quién me mandaría a mi hacer caso a Sandra: "Será divertido, será una boda diferente". Nadie en su sano juicio, pensaría que en la invitación de nuestros amigos nudistas (dato importante) aboliera toda prenda en su boda. Ni una pequeña corbata a modo de empresario despreocupado del mundo, ni un pequeño taparrabos a modo de Tarzán sexy. Pero eso si, ellas podían ir con su bolso o su sombrero de 2 kilómetros. Me parecía todo esto algo increíblemente inverosímil. Voy a ir en bolas a una boda.