Desde donde estaba, tumbado encima de las rodillas del oso gigante de mi hermana pequeña, oso que le habían regalado en su cumple. El cinturón me ahogaba pero el cansancio y las ganas de que el viaje se me pasara rápido hacían de anestesia.
Abrí poco a poco los párpados para mirar mas allá de la oscuridad de mis ojos, la luz me cegó durante varios minutos. Mi hermana seguía dormida y mi tía también. Mi tío, en el volante, miraba fijamente a la carretera.
Fuí levantando me despacio hasta que pude avistar que Fist seguía en su jaula balanceandose con el movimiento del coche.
Quedaban 10 minutos para llegar.
