No era la primera vez que me fallaba la memoria. No era la primera vez que mi mente y mi voz no se encontraban. Es curioso, me acordaba en el inglés y en francés. Tenía que soltarlo, ella esperaba expectante. Para algunos, el mero hecho de decir esas palabras les parecería una tontería o tal vez les daría vergüenza decirlas. Para mi, en cambio, no las encontraba. No me encontraba.
¡Suéltalo! ¡Dilo! Mi mente estaba en blanco.
Ella se dio cuenta. Se acercaba, cada vez más a mi. Algo en mi pecho intentaba ayudar en una acción, ya suicida. Mi corazón gritaba, mi mente callaba, mi voz brillaba por su ausencia. Su ojos intentaban formar palabras, quería ayudarme. Sus labios, cada vez más cerca, querían ayudarme a pronunciarlas. Me besó.
El roce de sus labios emitieron una especie de impulso eléctrico hasta mi cerebro. Mi mente, mi corazón y mi voz se pusieron en contacto al fin. Entonces lo supe.
Me separé de ella y la miré a los ojos.
Algo parecido a un "te quiero" salió de garganta.
Algo parecido.

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