Sus revoltosas amigas, las pestañas, con el suave movimiento de su danza, le daban un respiro al rápido ajetreo de mis pulmones. Si intentabas entrar más en sus ojos, te adentrabas en una viaje sin retorno, un viaje que se convertía en una tremenda aventura. Me sumergía en el iris y navegaba en su pupila, descubriendo nuevos lugares y nuevas sensaciones. Esa aventura era una peripecia para mi, esa aventura era su mirada. La claridad deseaba esa mirada, de día con la presencia del sol y de noche con la luz de la luna... La noche, sin luna, se odiaba a sí misma por no poder apreciarla. Esa mirada tenía nombre, "sus ojos", y apellidos, "los deseo".
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1 comentarios:
Your writing is so poetic and beautiful!
hugs,
Caroline
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