Cap. 1: http://los6elementos.blogspot.com.es/2012/03/el-tren-cap1.html
Capítulo anterior: http://los6elementos.blogspot.com.es/2012/04/el-tren-cap2.html
Mi marido y yo, no podíamos creer que estaba pasando en el tren, tanto ir y venir la luz, los gritos de la gente, y las recientes entrevistas de dos jóvenes.
Mi marido y yo cogimos el tren para ir a ver a nuestro nieto más reciente, que nació hace tres días. Estábamos muy nerviosos, y la reciente parada del tren, no nos ayudaba a calmar nuestros nervios.
- Cálmate Carmela, seguro que todo esto se arregla rápido y podemos irnos a ver a pequeño Juan- me dijo mi marido para consolarme.
-Ya lo se cariño, pero no puedo dejar de pensar el tiempo que podemos pasar aqui solos...- le dijo a mi marido.
Al terminar la frase, llegaron los dos jóvenes de las entrevistas.
-Hola, somos Félix y Claudia, y nos gustaría haceros unas preguntas, si no les importa- dijo el chico, que debía ser Félix.
-No te preocupes niño, a mi marido y a mi no nos importa, vamos pregunta lo que quieras- dije con mi mejor sonrisa.
-Bien, primero de todo ¿en que parada os ibais a bajar?- preguntó la chica que acompañaba a Félix.
-Mi marido y yo íbamos a Nuevo Puerto, a visitar a nuestro nieto que acaba de nacer- respondí sin mentir.
-¿Nos pueden decir en que trabajan o por lo menos en que trabajaban?-esta vez fue Félix el que hizo la pregunta.
-Pues mi marido trabajaba de profesor de lengua en educación primaria y yo me dediqué al cuidado de personas con problemas- dije mintiendo en el trabajo de mi marido, un dato que se dio cuenta el mismo.
-Y una última pregunta ¿que creéis que ha pasado ahora mismo?- terminó Félix mirando a mi marido con extrañeza y desconfianza, algo que no me sorprendió en absoluto.
-Mi marido y yo, pensamos que seguramente sea un error de la compañía de ferrocarriles- respondí diciendo todo lo que pensaba de verdad.
-Vale, muchas gracias...-no terminó la frase buscando nuestros nombre.
-Mi marido se llama Eugenio y yo soy Carmela-
-Pues eso, muchísimas gracias por responder a nuestras preguntas Eugenio y Carmela, hasta otra vez y esperemos que esto se arregle rápido-dijo el chico.
Acto seguido vimos como se iban al otro lado del vagón para encontrarse con las otras dos personas que vimos mi marido y yo al principio.
Allí estaban un hombre y una chica que podría tener la misma edad que los recientes entrevistadores, entrando en el vagón con cara de a ver visto un fantasma. Vimos como el hombre se dirigía a Félix y a Claudia, y estos señalaban con la cabeza a un señor que se entraba al lado de nosotros. Después vimos como Félix y Claudia salían corriendo del vagón, tal vez por algo que hubiera dicho el hombre y la chica.
Algo no iba bien, pensé decirle a mi marido que fuera a preguntar que pasaba, pero medité que era mejor esperar a que dijeran algo.
Y efectivamente el chico de las entrevista, empezó a mandar callar a los pasajeros para decir algo, dando golpes a la pared con unas llaves.
-Por favor señores pasajeros, tenemos algo importante que deciros del exterior- dijo mientras seguía dando golpes a la pared del tren- Veamos, primero decir que tras las entrevistas recientes han sido realizadas para conocer a todos los pasajeros y ver si tienen algo que ver en la paro del tren. Finalmente creemos que nadie sabe nada de que puede haber pasado, y ya viendo lo que hay en el exterior pensamos que esto no lo puede haber hecho una sola persona. Ahora todos, por favor, de uno en uno id saliendo por esta puerta donde estamos nosotros, es mejor que lo veáis ustedes mismos- ordenó mientras abría una de las puertas del vagón y hacía señas para salir.
Mi marido y yo nos levantamos del asiento y empezamos a avanzar la cola que había para salir, poco a poco el tren se iba vaciando. No se oía nada del exterior, como si la gente se hubiera quedado muda.
Finalmente llegamos a la puerta y salimos al exterior, con dificultades por la edad, pero conseguimos salir.
No me lo podía creer, eso no era real, no podía ser, no tenía sentido. Estaba amaneciendo, pero de una forma extraña algo que en la tierra no podía ser posible, incluso impensable...
¿Donde estábamos? ¿Como hemos llegado aqui? ¿Ahora que hacemos? Eran preguntas que me hacía a mi misma, buscando en mi cabeza respuestas razonables, pero es que todo eso era irracional.
Todos estábamos mudos de miedo, terror, angustia y desorientación.
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