Entonces alguien dejó de mover las piernas y una fina mano se deslizó por mi espalda hasta perderse su tacto. Los gritos silenciosos empezaron a aumentar, y el nerviosismo se elevó a tal punto que dejamos de mover la piernas...
Entonces sonó un silbato que se oía desde el fondo oscuro, unas manos nos cogieron. Eran nuestros padres, nos habían salvado la vida de ese mar raro y colorido.

1 comentarios:
Ves? Eso es Móstoles nunca pasaría ^^ Si es que Cádiz es muy peligroso con tanta ola...
Publicar un comentario